DanzaTac2014 Festival de Danza de Tacorote
FORO
VIDEODANZA
COMPAÑÍAS
DANZAS URBANAS
CONTACTO

V Foro DanzaTac sobre danza

Los beneficios sociales de la cultura y la relevancia de la labor social de la danza en particular, y de la cultura en general.

RELATORÍA - DESCARGA EN PDF

V Foro DanzaTac de danza y cultura

Javier López, Añaza Creativa.
Esther Martínez, Presidenta de Pie de base y directora artística de DanzaTac.
Laura Marrero, Responsable de Danza en Comunidad de Auditorio de Tenerife
Mario Silva. Director de DanzaTac2015
Luis Carballo, Añaza Creativa.
Público asistente.

Es indudable el componente social de la danza, en particular, y en general de todas las actividades de índole cultural. Por poner un ejemplo, el proyecto Danza en Comunidad, acerca la danza a colectivos y comunidades, logrando objetivos que van mucho más allá de la mera contemplación de una pieza o de la participación activa en el hecho artístico, y lo interesante es entender que se trabaja con personas, con segmentos de población, no solamente con aquellos grupos mal entendidos como desfavorecidos o marginales, puesto que cualquier persona, sea cual sea su posición social, puede verse beneficiada por actividades de apoyo y de desarrollo personal a través de la danza.

Es necesario llegar a un acuerdo entre las ideas fundamentales de un determinado movimiento cultural o proyecto y las necesidades de la institución que lo subvenciona, puesto que parece ser que una institución necesita visibilidad y justificar la inversión que hace. En cambio, en los trabajos sociales hay una faceta en la que la intimidad es parte fundamental del proceso. De hecho, la interacción de los dinamizadores con el colectivo, en un primer momento es una invasión a la intimidad de las personas o colectivos, y sólo la persistencia y el compromiso de los dinamizadores con el proyecto y con los individuos logra romper esa barrera, y la relación de confianza llega mucho más allá de la duración del proyecto, en contraposición con los apoyos institucionales, que adolecen de persistencia en el tiempo.

Por otro lado, se plantea que existen ciertas dificultades para llevar a cabo proyectos desde el ámbito institucional, quizá debido a que las instituciones carecen de la confianza que los propios dinamizadores son capaces de ganarse gracias al trabajo de campo.
También es necesario plantearse que quizá los proyectos deban enfocarse a destinatarios generales, grupos amplios, lo que conlleva a la integración, en lugar de a colectivos específicos, lo que supone una segregación.

Por norma general, los beneficios y los resultados de los proyectos se obtienen durante los procesos creativos, más que en el momento de evaluar los resultados obtenidos. Así es que parece lógico que a partir de ahora se hable de procesos en lugar de proyectos. De hecho, lo lógico es intervenir el entorno y es justo concederle la importancia necesaria de plantearlo como base para el cambio.

Es importante resaltar y subrayar la importancia y la necesidad de contar con el apoyo del área de cultura, y otras áreas de carácter social, en determinados proyectos.

Existe un amplio acuerdo en considerar que en trabajos sociales a veces es mucho más importante mantener la intimidad de los individuos y colectivos. Y en que mientras que el control vertical que ejercen las instituciones supone un freno son los grupos aislados, de forma filantrópica, quienes tratan de adecuar los tiempos de reacción a las necesidades reales.

El número de asistentes o el alcance a determinado número de personas de un proyecto no debe ser cuantificable, ni servir de indicador para las instituciones. En los proyectos sociales, por norma general, los beneficios se obtienen a largo plazo, tras un hábil estudio de situación y de las necesidades reales de los destinatarios finales, de modo que es muy importante el equipo humano y es vital el contacto de tú a tú y no a través de terceras instituciones.
No en vano hay que preguntar a la gente qué quiere hacer en el terreno cultural, y ha de hacerse desde la confianza, y esta se gana con el trabajo de campo, tratando persona a persona a los destinatarios de los proyectos.
Porque en los ejemplos dados los mejores logros se obtienen al generar movimiento en el barrio en torno al arte (artivismo), dejando que el individuo, y el colectivo, se encuentre expresando su propia creatividad.
Es obvio que lo primero que hay que saber es qué necesita el colectivo al que van destinados los proyectos. Es seguro que quien aprueba el proyecto, quien lo subvenciona, e incluso quien lo lleva a la práctica no lo sepan, y es muy probable que no lo sepa tampoco el destinatario del proyecto, de modo que todo ha de iniciarse, necesariamente, con una búsqueda.

Debe valorarse positivamente cada acto social o cultural, aunque el alcance de este no sea masivo, puesto que las necesidades sociales no son exclusivamente colectivas, o masivas, sino individuales. En cambio, se desprende de la experiencia que las instituciones parecen buscar una foto en la que se vea a mucho público participando del proyecto, y que estos les den los votos que buscan. Lo que se traduce en un uso electoralista de las necesarias acciones sociales.

De hecho, en los programas de algunas instituciones se prima el número de butacas ocupadas y no el beneficio de las acciones desarrolladas. Es quizá por este motivo por el que algunos indicadores excluyen las intervenciones al aire libre, porque no pueden contarse los asistentes, y quizá por la misma razón los posibles destinatarios de esas mismas acciones evitan responder positivamente a la llamada a asistir a esos actos.

Sin embargo tiene que ser la institución quien se implique en cada proceso. No políticamente sino técnicamente.

La idea que parece estar instalada en las instituciones, y entre el público general, es la de que la danza no cumple ninguna función social, que no aporta beneficios sociales colectivamente, cuando los estudios más recientes hablan de la transmisión pasiva del movimiento ante la contemplación de una acción de danza.

Es necesario dialogar con los representantes de las instituciones.
Las intervenciones sociales de la cultura en la mayor parte de los casos se debe a una labor militante de personas o grupos alejados del entorno más institucionalizado. La mayoría de las acciones sociales son llevadas a cabo gracias a sentimientos filantrópicos ajenos a las instituciones y este tipo de acciones ha de llegar a todos y a cada rincón, de modo que el compromiso debe ser de las instituciones.

Las sensaciones corporales sólo las transmite la danza.

Obviamente, la desvinculación de las instituciones de los procesos sociales de la danza y de la cultura en general no es dada por un problema económico. El gasto en espacios físicos es inmenso. El coste de construir teatros, salas multiusos y demás espacios es desorbitado. En cambio, el coste de los grupos de dinamizadores, que pueden hacer el trabajo de campo, cercano, es infinitamente menor, y las inversiones en estos equipos son, cuando no inexistentes, excesivamente limitadas en el tiempo, las más de las veces supeditadas a campañas puntuales.

Queda de manifiesto que hay exceso de paternalismo en las instituciones, y que quienes aprueban o subvencionan los proyectos creen saber qué necesitan los destinatarios. Es otra prueba de que las instituciones están frenando, en lugar de apoyar los eventos. Ante el activismo social, en algunos lugares hay que pagar para hacer eventos sociales en las calles, además de pagar permisos, seguros y otros costes. Y hay que hacer partícipes a las instituciones de lo que están ofreciendo, o de lo que se está gestionando.

Quizá haya temor a la independencia social y por ello haya manipulación social por parte de los grupos políticos, que intervienen en los barrios para no perder el control que por lo visto necesitan mantener.

Muchas veces son los técnicos quienes valoran y evalúan los proyectos, en lugar de los concejales, en cuyo caso los proyectos logran convertirse en procesos que den resultados, de lo que se desprende que es necesaria una buena estabilidad de gestión técnica, no política, de las áreas de cultura, de servicios sociales y de aquellas obligadas a la integración social y cultural.

Es imprescindible que los proyectos sean continuados en el tiempo, estables, para que los procesos se desarrollen como es debido y para que los resultados sean visibles. Muchos son los proyectos que se aprueban para que sean desarrollados en breves espacios de tiempo, y es evidente que en tres meses no pueden lograrse objetivos evaluables positivamente.

Es cierto que hay quienes van y vienen durante el desarrollo de los proyectos sociales, sin duda debido a circunstancias personales, pero también hay quienes disfrutan y permanecen e incluso acaban integrándose como desarrolladores del proyecto, otro dato a favor de llamarlo proceso.

Es necesario que desde las instituciones se considere seriamente que aquello que suele verse por objetivos visibles o accesibles entiendan que es el vínculo emocional del dinamizador el que hace que se genere el compromiso.

Sala Valerio. Casa de la Cultura de Tacoronte. Viernes, 16 de octubre de 2015 - 18.30 horas

   
Ayuntamiento de Tacoronte
  Cabildo de Tenerife  
Gobierno de Canarias