DanzaTac2014 Festival de Danza de Tacorote
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FORO 2014 - LA RELATORIA, TRAS ESTA INTRODUCCIÓN
¿Amas bailar o amas la Danza?

IV Foro DanzaTac
Fórmulas de financiación, sistemas de cobro, sustento.

Mesa del foro: Carlos Belda, Natalia Medina, Esther Martínez, José Luis Rivero, Acerina Amador y Fernando Ordóñez.

Es necesaria una visión de futuro que mantenga la herencia y su conocimiento entre la población y fomente el desarrollo cultural de la danza y sus distintas formas de representación y modalidades.

Para DanzaTac, el foro es el lugar desde donde nuestro Festival puede contribuir con este pensamiento, por lo que es una de las actividades más importantes de cada edición.

El IV Foro DanzaTac2014 tuvo lugar en la Sala Valerio J. Padrón, Casa de la Cultura de Tacoronte, en la Plaza del Cristo, a las 18.00 horas del viernes 10 de octubre de 2014.

  Los artistas de éxito en cualquier disciplina, que con su obra son capaces de generar un movimiento económico notable, son muy pocos. Son muy pocas las personas que viven exclusivamente de su arte si las comparamos con la cantidad de personas que habitan el planeta desempeñando diferentes trabajos, la mayoría simplemente para subsistir, que no es poco.
Concentrémonos ahora en los artistas que mueve el engranaje de la cultura, que son muchos, y que son el alimento básico para el desarrollo de una sociedad sana. Concretemos aún más y vayamos al mundo del bailarín. Ese bailarín independiente, intérprete, coreógrafo, CREADOR.
Las grandes compañías que funcionan como empresas y que dan soporte económico permitiendo al bailarín una carrera relativamente estable son muy pocas, volvemos a la reflexión del principio.

 ¿Cómo se financian actualmente los bailarines? ¿De qué comen? ¿De dónde sacan dinero para sus producciones?
¿Entiende el artista creativo, acepta, el trabajo por encargo como una forma digna de obtener ingresos o lo considera una traición a su arte?

TRABAJO CREATIVO - TRABAJO COMERCIAL

¿Considera un derecho o exige que el gobierno se haga cargo de su situación? ¿Entendemos que todo derecho conlleva una obligación?
¿Puede actualmente un bailarín subsistir con los circuitos de salas alternativas y festivales y dedicarse exclusivamente a la creación e interpretación

RELATORIA

Las instituciones deben participar en la producción y en la distribución de los trabajos de danza.
Esta es una de las conclusiones a las que se llega desde el IV Foro DanzaTac.

El bailarín – creador – gestor, al estilo del hombre orquesta, es una fórmula no viable, y lamentablemente parece estar muy al uso. Todas las facetas del proceso son muy diferentes y cada una de ellas requiere de muchas horas de dedicación.

Hoy en día muchos bailarines trabajan en un nivel muy artesanal, utilizando como fórmula de financiación mayoritariamente a sus propias familias, de las cuales dependen para sufragar los gastos de su carrera.

La mayoría de las empresas de artes escénicas de Canarias son microempresas que elaboran microproyectos, por lo que se supone que lo que necesitan es microfinanciación. Es cierto que las hay que consiguen mayor financiación, pero debido a la situación actual, ante una bajada en la aportación de las instituciones supone riesgos difíciles de asumir.

Fórmulas de ayuda existen, como los intercambios, o las residencias artísticas, aunque también son consideradas las permutas en cuestiones prácticas fórmulas de guerrilla, como compartir casas, los apoyos técnicos, la cesión de espacios y otros similares.
Esto da una medida clara del afán de los artistas por sacar adelante sus producciones a toda costa.

En cuanto a la Ley de Mecenazgo, se sabe que como fórmula de financiación para determinados sectores, y a ciertos niveles, sí da resultados, pero es absolutamente inexistente para determinados sectores artísticos, como en el caso de las Artes Escénicas. Ciertamente podría servir de referencia la actual ley para intervenir en disciplinas como la danza, pero no parece haber interés político, quizá debido a la falta de una demanda desde un sector que debería estar convenientemente vertebrado.

La cultura católica en la que vivimos, entendiendo como tal a la incultura de la limosna en la que el que tiene en abundancia da a quien pide, es el concepto actual que pervive en Canarias como mecenazgo. Esto genera el peligro de establecer como normal apoyar económicamente a la producción de espectáculos mientras las instituciones tengan dinero y, sobre todo, les sobre, de modo que cuando no hay sobrante, o cuando se dice desde los estamentos que deberían estar involucrados que no hay dinero, no haya dinero para las producciones artísticas

El número de solicitantes de ayudas y subvenciones ha aumentado significativamente. Probablemente porque hubiera quien antes no tratara de optar a esas ayudas o porque haya un alto nivel de intrusismo. Esto último podría ser considerado un problema, en tanto en cuanto da a entender que muchos amateurs están optando en las mismas condiciones que los profesionales. Es cierto que existen filtros, y que el propio ministerio realiza cribas para que esto no ocurra, pero también puede dar pie a que reciban ayuda siempre los mismos aspirantes. También es cierto que hay programas que sí funcionan, con criterio y transparencia.

La deriva hacia una financiación exclusivamente privada y hacia este tipo de ayudas como soporte exclusivo de la cultura supone un peligro real. Tras semejante discurso en pro de una ausencia de las instituciones en el sostenimiento económico de las artes escénicas flota en el aire la máxima de que gobiernos, diputaciones y cabildos y resto de instituciones públicas puedan acogerse a la exculpación: Busca quien te financie porque nosotros no lo vamos a hacer.

Es cierto que la crisis alcanza a todos los sectores, no sólo al de la cultura, y no es, ni mucho menos, sólo un problema de la danza. Quizá abrir nuevos mercados en las islas sería una opción, orientar la venta de productos artísticos al turismo, teniendo en cuenta que, sólo en Santa Cruz de Tenerife, unas seis mil personas al año desembarcan en la ciudad, y suele tratarse de personas habituadas al consumo de danza, con el valor añadido de que la barrera idiomática desaparece.

Pero también es cierto que nos encontramos actualmente con nuevos paradigmas en cuanto a la financiación, y con el claro retroceso en el Ministerio y resto de instituciones, que nos alejamos mucho de las demandas anteriores desde la profesión, y que, de un modo u otro estamos entrando en el mundo de la financiación privada.

Los crowdfunding, las campañas de marketing y otras fórmulas de popularizar la financiación no llegan a funcionar del todo en España. Es escasa la información orientada a la venta, falta internacionalización, aún cuando existen proyectos intereuropeos de ayuda a la movilidad. Otros recursos son: aprovechar los espacios cercanos para apoyar en su creación al artista, con un equipo técnico, como ocurre con las residencias. Ciertamente no aparece el dinero institucional, pero se palia con intercambios en diferentes lugares del mundo, o auxiliando el trabajo del creador o interprete con direcciones externas, por poner sólo dos ejemplos.

En España no hay experiencia ni costumbre de financiar proyectos culturales desde la empresa privada, pero sí existen diferentes ayudas pequeñas que también pueden aprovecharse, como son las del Ministerio Cultura, el de Asuntos Exteriores,  becas de gestión, ayudas en distintas autonomías, programas como Canarias Crea, pago de viajes entre islas, etcétera. Muchas ayudas de viaje, porcentajes de caché, acuerdos internacionales, colaboraciones con embajadas, Organización de Estados Iberoamericanos, Casa de África, Casa de Asia, Casa de América, Instituto Ramón Llull, Iberoescena... La mayor parte de ellas dirigidas a producciones de cierto nivel o a festivales, pero no al artista.

La realidad es que hay que sobrevivir al margen de las instituciones porque si tienes un proyecto y lo amas  tienes que buscar financiación. Y al final, los artistas acaban convirtiéndose en gestores sin experiencia, entrando en redes filtradas que obligan a realizar funciones a bajo coste o a coste cero y en espacios que no han elegido.

La mayoría de industrias, si no la totalidad, reciben ayudas estatales. Es el caso de la industria del automóvil, de la agricultura... ¿Por qué no ocurre lo mismo con las industrias culturales?

Mecenazgo: ¿Cultura como bien general o como entretenimiento?

Si hablamos de industrias culturales, ¿qué relación, desde el punto de vista industrial, establecemos con el público?

¿Debería existir una relación directa entre el volumen de personas a las que se llega con un trabajo artístico y la cantidad de ayuda económica que debería recibirse para nuevas producciones?

Desde el punto de vista de la empresa privada, se entiende que determinadas producciones no habrían sido posibles sin contar con la ayuda de subvenciones. Por eso, y porque es una obviedad que las instituciones deben participar en el acceso a la cultura de todos, se considera un gran error la desaparición de las ayudas a la producción que las instituciones (léase Gobierno de Canarias y Cabildos) mantenían en sus presupuestos, y debemos intentar retomarlas si queremos volver a los niveles de producción que había hace ocho o diez años. A fin de cuentas, todas estas fórmulas alternativas de autofinanciación no llevan a grandes cosas.

La creación existe en cualquier ámbito y la distinción entre creador e intérprete se refiere a la formación específica recibida. Los bailarines que con suerte pueden ir a una buena escuela o  conservatorio, se dedican ha interpretar. Y están cualificados para un trabajo difícil pero escaso. Quieren seguir trabajando y se dedican a crear, pero adolecen de preparación en la gestión, y el paso a esta es un salto que se da de forma forzada, sin formación ni herramientas, ganando experiencia manejando presupuestos ridículos.

Al final, muchos artistas sobreviven no sólo financiándose a través de sus unidades familiares, sino realizando otros trabajos, ajenos o no a la danza, que les permitan mantenerse en aquello para lo que realmente están preparados.

Se considera necesaria, si no imprescindible, la parte de distribución de espectáculos, puesto que su carencia mata, literalmente, a la producción. El hombre orquesta del que se hablaba al principio no puede estar sobre el escenario danzando, bajo el escenario dirigiendo, sentado a la máquina de coser haciendo el vestuario, tras una mesa y pegado al teléfono realizando la producción y distribuyendo el resultado final, facturándolo y preguntando cuándo va a cobrar su trabajo.
Se plantea que la distribución la ejecute la misma institución que da la subvención.

Al final surge una pregunta clave: ¿La danza que hacemos le interesa a la gente? ¿Llenamos los teatros?
Quizá los bailarines nos ponemos a nosotros mismos demasiadas etiquetas, fragmentándonos y panelándonos en diferencias estancas que nosotros mismos establecemos.

Otro año más, en el Foro DanzaTac vuelve a aparecer en el discurso de la mesa la falta de una estructura sólida que ampare a las artes escénicas en general, y a la danza en particular, que gestione convenientemente el fortalecimiento del sector y formule las condiciones necesarias para sentarse a dialogar con quien convenga sobre la necesaria fórmula mixta entre lo público y lo privado, que ponga en valor todos los elementos de la cadena, que abogue por la separación, más a favor que la discriminación positiva dentro de las artes escénicas, de los presupuestos destinados a subvencionar la producción dancística, que impulse la necesaria labor de creación de laboratorios y de la investigación, para poder seguir evolucionando en el arte, un arte que quizá no debería estar en el mismo saco que el de las grandes producciones.

 

   
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